Revista Cuadernos de Estética Latinoamericana

Escribir un editorial para una nueva revista es muy significativo y tremendamente comprometedor. Hay un esfuerzo colectivo que no puede ser traicionado o minimizado, existen prioridades de espacio, forma y estilo, se presenta la incertidumbre de lo nuevo, lo no expresado aún y, sin embargo, ya maduro y pugnando por aparecer. Las urgencias de una praxis, unida con las necesidades y rigores de la teoría, que, en el caso de Ciela, se equilibran y complementan, germinándose en la primera, para fructificar y crecer en la segunda.

Situar lo social al interior de la academia, y la academia al terreno de lo social. ¿Imperativo ético?, ciertamente, pero antes que nada, el cumplimiento de un mandato legal y moral que toda institución pública debe acatar, y que nosotros, como investigadores de una Universidad estatal, hacemos propio, apasionadamente y políticamente soñando en un Chile justo, en un país inclusivo y abierto.

Pensar desde América Latina, sentir desde  la Patria Grande, fundar los pensamientos de estéticas posibles y deseables, amables y comunes, proyectadas hacía la construcción de mundos, desde la radicación necesaria, desde una perspectiva situada. América, dolorosa en los relatos de conquista y saqueo, pero fuerte, como tierra madre y resistente, en el esfuerzo diario de existir para crecer, de creer para crear, de crear para seguir creyendo, de esperar para seguir siendo, de pensar para vivir, de habitar para comunicar, para ser juntos, en el verbo y en el verso, en la copla y la danza.

Juntar como ramilletes de sueños los pensamientos de los hermanos, construir con ellos una nueva forma  de conocer, una forma cierta de decir y una cierta forma de saber, construir, como dijera el poeta: “Sobre la realidad como sobre una roca…” y que las palabras, pesadas y aéreas como el aire matutino,  vayan diseñando nuevas libertades y nuevas maneras de sentirnos, acá, en nuestra tierra, en nuestro tiempo, en nuestro canto, que es el “canto de todos” y que será ”mi propio encanto”.

Les ofrecemos, como mano abierta, nuestro espacio de sentidos y nuestro capital de incertidumbres. Hagamos con ellos nuestro camino.